Leonardo Páez: ¿La fiesta en paz?
Why This Matters
Key context: “Recuerdo con claridad la esperada noticia de la próxima corrida o novillada. Hice de la casa Osuna mi universidad taurina. El romanticismo del anfitrión, don Evaristo, era de bandera. Allí se reunían ganaderos, periodistas, matadores, novilleros y maletillas en busca de una posible oportunidad, ya que don Tito hacía empresa, y también por la jama, pues doña Neva, su esposa, no permitía que nadie se fuera sin cenar. El empresario convertía la reunión cotidiana de chavales en cátedra taurina; nos leía párrafos del Cosío, contaba relatos y anécdotas de la fiesta brava, cine taurino, copla y flamenco, la guitarra de Genaro Salazar, ganaderías, nomenclatura de capas, cuerna y morfología del toro bravo. Pagaba un cuarto de hotel para los maletillas o novilleros foráneos, que no tenían donde sornar, nos enseñaba el sar san o caló gitano, creando un lenguaje que se integraba a lo cotidiano, repartía libros de poesía, discos de coplas que se convertían en tarea, para alguna reunión futura, donde cualquier maletilla se convertía en declamador o tonadillero. En fin, Tito nos dio una visión más amplia del mundo del toreo, su amalgamiento con otras manifestaciones del arte y la cultura universal. Contar con su compañía en las tardes de toros, era un aprendizaje in situ, sobre la técnica y lo aprendido, enseñándonos a saber ver”, evoca emocionado el artista regiomontano Reneé Rivera, con incontables premios nacionales e internacionales como solista, primer bailarín, coreógrafo, director artístico, investigador, compositor, cantante, escritor, conferenciante y, por si faltara, maestro de expresión corporal de figuras como Manolo Martínez, Curro Rivera o el español Uceda Leal. This development from jornada.com.mx highlights ongoing changes in the sector.
“Recuerdo con claridad la esperada noticia de la próxima corrida o novillada. Hice de la casa Osuna mi universidad taurina. El romanticismo del anfitrión, don Evaristo, era de bandera. Allí se reunían ganaderos, periodistas, matadores, novilleros y maletillas en busca de una posible oportunidad, ya que don Tito hacía empresa, y también por la jama, pues doña Neva, su esposa, no permitía que nadie se fuera sin cenar. El empresario convertía la reunión cotidiana de chavales en cátedra taurina; nos leía párrafos del Cosío, contaba relatos y anécdotas de la fiesta brava, cine taurino, copla y flamenco, la guitarra de Genaro Salazar, ganaderías, nomenclatura de capas, cuerna y morfología del toro bravo. Pagaba un cuarto de hotel para los maletillas o novilleros foráneos, que no tenían donde sornar, nos enseñaba el sar san o caló gitano, creando un lenguaje que se integraba a lo cotidiano, repartía libros de poesía, discos de coplas que se convertían en tarea, para alguna reunión futura, donde cualquier maletilla se convertía en declamador o tonadillero. En fin, Tito nos dio una visión más amplia del mundo del toreo, su amalgamiento con otras manifestaciones del arte y la cultura universal. Contar con su compañía en las tardes de toros, era un aprendizaje in situ, sobre la técnica y lo aprendido, enseñándonos a saber ver”, evoca emocionado el artista regiomontano Reneé Rivera, con incontables premios nacionales e internacionales como solista, primer bailarín, coreógrafo, director artístico, investigador, compositor, cantante, escritor, conferenciante y, por si faltara, maestro de expresión corporal de figuras como Manolo Martínez, Curro Rivera o el español Uceda Leal.
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